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VOICES

Recuerdo a las personas por su olor y sus pasos

Ren・veintitantos años, hombre, estudiante

Siempre pensé que era normal.

Ahora soy estudiante. Desde siempre se me ha dado mal recordar los nombres de las personas: si no anoto un nombre, simplemente no se me queda. Pero, por alguna razón, siempre pensé que era normal. Suponía que a todo el mundo le pasaba lo mismo.

Con los rostros, no creo que mi caso sea tan grave. Muchas veces puedo saber quién es alguien con solo mirarlo; no es que necesite oír su voz para reconocerlo. Eso sí, con las mujeres tengo verdaderas dificultades. A los hombres rara vez los confundo.

He oído que a algunas personas con prosopagnosia los rostros se les funden entre sí, como si fueran "pasteles". Yo no llego a ese nivel, pero sí me ha pasado estar convencido de que dos personas distintas eran la misma.

En el autotest saqué 75 puntos. El promedio, al parecer, ronda los 40.

Probé el autotest de prosopagnosia de este sitio y saqué 75 puntos. Al parecer, cuando lo hace la mayoría de la gente, el promedio ronda los 40. Es un test basado en la propia percepción, así que algo de subjetividad siempre hay; pero yo de verdad me consideraba normal, así que supongo que esto es lo que significa "no darse cuenta hasta que alguien lo señala".

Si uno quiere confirmarlo de verdad, haría falta una evaluación formal. Aunque, al fin y al cabo, hacerse la prueba tampoco hace que mejore.

Se habla mucho de no poder distinguir a los ídolos, pero, sinceramente, no creo que la mayoría de la gente pueda. Al fin y al cabo, reúnen a propósito a cuarenta y ocho personas con el mismo tipo de rostro. Los que sí logran distinguirlos son los especiales, y a esas personas especiales es a las que todos llaman fans incondicionales.

Peinado, ropa, olor, complexión y forma de caminar.

Para memorizar a las personas uso de todo, menos el rostro. Primero, el peinado y la ropa. Las mujeres, sobre todo, se cambian el peinado todo el tiempo, ¿no? Así que, cuando cambia el peinado, ya no sé quién es. Y luego el olor: yo recuerdo a las personas por su olor. El olor importa bastante, de verdad. Después, la complexión y la forma de caminar.

También los pasos. Me sé los pasos de toda mi familia: solo con el sonido de alguien subiendo la escalera, sé perfectamente quién es. Al fin y al cabo, cada uno tiene un peso y unos zapatos distintos.

Por alguna razón, los apodos funcionan un poco mejor.

La verdad es que tampoco recuerdo los apodos. Pero un apodo sigue siendo mucho más llevadero que un nombre real. No es que un apodo sea más fácil de recordar en sí, así que... ¿qué será? Quizá porque son cortos y fáciles de decir, pero realmente no lo sé. En la conversación llegamos a la idea de que quizá los apodos y los nombres se guardan en lugares distintos de la memoria. Si eso resultara ser cierto, sería fascinante.

Con los nombres pasa igual: una vez que aprendo uno, me dura alrededor de una semana. No es que se evapore en tres horas. Y si repaso mis notas antiguas, se asienta de nuevo y vuelve a mí. Cuando hay alguien a quien de verdad quiero llamar por su nombre, puedo aprendérmelo si me esfuerzo.

En el momento en que lo recuerdo, lo anoto.

Cuando tengo que asimilar una gran cantidad de nombres de golpe, tomo notas en el teléfono. De alguien con quien he conversado de verdad, anoto cosas como en qué país vivió y durante cuántos años, cuántos países ha recorrido, dónde está la casa de su familia, el lugar al que más quiere viajar ahora; hasta ese nivel de detalle. Porque si no lo miro, simplemente no lo recuerdo.

Eso sí, a veces descubro que he anotado a la misma persona dos veces, una en la parte de arriba de la nota y otra en la de abajo. Si lo organizara bien, con una entrada por persona, seguro que habría una forma mucho mejor de hacerlo.

Lo interesante es que no puedo recordar a voluntad. Los recuerdos aparecen de la nada mientras estoy haciendo otra cosa. Así que es en ese momento cuando añado cosas a mis notas: después, en el instante en que un recuerdo aflora.

Lo ideal sería algo que, con solo hablar, lo reconociera todo automáticamente y lo convirtiera en una tabla. La entrada por voz existe, pero al final igual tengo que revisarlo y ordenarlo yo mismo; y mientras escribo una cosa, se me olvida la que acababa de recordar.

Pensaba que las cosas simplemente eran así, y me las arreglaba.

Lo único que he hecho siempre es arreglármelas. Nunca se me ocurrió desarrollar algo por mi cuenta. Simplemente pensaba que las cosas eran así.

Pero entonces, ¿por qué son justamente los nombres lo que no puedo recordar? ¿Por qué los apodos resultan un poco más fáciles? Ahora que lo pienso, realmente no lo sé. Y si detrás de eso hay una razón de verdad... eso sí que me parece fascinante.

Sobre este testimonio

Este relato se basa en la experiencia personal de un individuo y no pretende ofrecer información médica ni un diagnóstico. Para proteger su privacidad, se presenta bajo un seudónimo.